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La obra de Isaac Broid surge de la sumatoria entre el vínculo al sitio y la búsqueda de lenguajes contemporáneos. Propone una arquitectura disímil a las propuestas radicales del discurso regionalista, diseñando sus espacios con un profundo respeto por la cultura prehispánica y por las influyentes obras de la escuela internacionalista en México de mediados del siglo XX. Broid comparte con algunos colegas -como Alberto Kalach, Enrique Norten y el Grupo LBC- su interés por descomponer esquemas remitentes a la arquitectura mexicana tradicional. Proyecta en su lugar, con lenguajes contemporáneos de clara influencia europea sumado a una honesta y evidente adaptación y vinculación con el sitio donde construye.
Broid plantea una posición inspirada en los ancestros prehispánicos con respecto a la escala, evidenciando así el interés por involucrar al visitante con las “grandes dimensiones” de la arquitectura histórica mexicana. Ejemplo fehaciente de esta afirmación resulta la nueva Biblioteca de la Escuela de Antropología, edificación que sin duda se relaciona de forma directa con la Pirámide de Cuicuilco, principalmente en su adaptación formal e influencia en el uso de materiales.
En sus diseños, Isaac Broid no aplica la paleta cromática barraganesca sino blancos–luz y sombras- y colores propios del material en bruto, quizá una adaptación más clara a México D.F. actual que al pintoresco que expresaba el maestro Barragán. Incursiona a su vez, el elemento agua, el cual fluye en ciertos proyectos con una moderación de quien no busca crear escenografías sin sentido. Esta actitud evidencia a un arquitecto más ocupado por el diseño sensorial que preocupado por la imagen imponente de la arquitectura “exhibicionista”.
Funcionalmente, hallamos un alto grado de racionalismo en las plantas, contrastado con un eje que fragmenta el espacio, rompe la ortogonalidad y genera inusuales fugas internas. Las áreas de circulación son tamizadas gracias a las pérgolas de metal o concreto, las cuales ocasionan un achurado en las “pesadas” paredes internas. En ocasiones se suma un elemento compositivo claramente reconocible y equilibrante como es el caso de figuras ovaladas. Destaca la intención de proyectar en fachadas planos-terrazas que invitan a cuestionarse sobre la continuación en planta de estas proyecciones.
Percibir las obras de la nueva generación de arquitectos contemporáneos en México resulta lección obligatoria en la escuela latinoamericana de inicios del siglo XXI, donde la arquitectura de Broid funge como un punto de equilibrio entre un internacionalismo contemporáneo y un respeto por el sitio, algo imposible de proponer para algunos críticos hace apenas una década.
Luis Diego Barahona
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