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La ciudad está presente en las implicaciones de lo público y lo colectivo, en los ambientes generados en las calles y barrios que lo conforman, la ciudad con recursos cuando su potencial es adecuadamente utilizado para asentar en ella nuevas relaciones espaciales que detonan nuevos usos y comportamientos colectivos, la ciudad como el gran contenedor de múltiples y variadas actividades que es susceptible y capaz de transformarse de un motor de armonía estético funcional, la ciudad como experiencia estética, así como una herramienta para el desarrollo cultural y social, como ninguna otra estructura espacial puede hacerlo en nuestros días.
La casa la aborda por el significado de habitar, domesticar el espacio para que más tarde él mismo acoja a sus habitantes. Domina y moldea el ámbito de lo privado, lo íntimo, lo doméstico, o sutil y reservado. Valiéndose de dobles alturas, volúmenes luminosos y claramente definidos, articulaciones verticales y horizontales; puentes, escaleras, pasillos suspendidos, balcones, terrazas, miradores, patios, celosías, con ellos rinden culto al habitar, dignifica la domus al ofrecer recorridos internos que explotan ángulos y perspectivas generalmente inéditas. Broid explota sutilmente y con elegancia las posibilidades de un lugar, percibe la atmósfera que lo rodea y sabe sintetizar con nitidez lo esencial, por ello rinde culto a los lugares y a quienes habitan en ellos, recordemos que la casa son sus muros y sus moradores.
En décadas recientes hemos sido testigos de procesos de reconversión industrial, hecho que ha permitido desarrollar una arqueología industrial y la valoración de diversas soluciones espaciales que no tenían aparentemente otro fin que ser útiles a un objetivo; albergar maquinaria o hacer operativa la línea de producción fabril para que fuese lógica y funcional. De estas construcciones Isaac Broid ha aprendido mucho, reconoce en ellas su honestidad, su claridad espacial y sus sistemas constructivos.
Estos vestigios o remanentes industriales no penetran en Broid únicamente por su enorme valor plástico y constructivo, sino por su potencial para reactivar la ciudad por medio de su reutilización y transformación.
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Los tres elementos que coinciden en la obra de Broid están presentes en una actitud frente a la arquitectura y la ciudad contemporánea, para las nuevas generaciones de arquitectos se han vuelto imprescindibles estos enfoques; Isaac Broid pertenece a una generación de arquitectos jóvenes mexicanos, hoy ya con probada experiencia y prestigio, que fue heredera de la tradición del movimiento moderno, pero también de otros modernos no considerados en su momento, quienes se resistieron a la aplicación acrítica de muchos de los postulados del estilo internacional. Es una generación que se abrió y observó a diversas arquitecturas y supo analizar detenidamente otros valores, como el valor de lo local, lo simbólico y lo sensorial. Broid ha abrevado y ha practicado sistemáticos análisis y apreciaciones de las obras de Luis Barragán, Louis Kahn, Carlo Scarpa y Álvaro Siza. Fruto de ello y de su sensibilidad ha logrado construir un lenguaje propio e identificable cargado de exploraciones plásticas y finalmente tamizado que le ha evitado caer en los excesos.
Líneas, es una oportuna colección de arquitectura latinoamericana que ha acertado al elegir una obra sobria, elegante, delicada y sumamente cuidada que expresa la sensibilidad postindustrial y actual de un arquitecto y digno habitante de una megalópolis latinoamericana: la ciudad de México.
Felipe Leal
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