Obligado a ser ciudadano equilibrista entre los deseos, lo posible y lo imposible, el arquitecto se ve navegando con paciencia, tenacidad y mucha persuasión para resolver, siempre con grandes sobresaltos, la distancia entre la proposición, la aceptación y la realización. Resignado a veces a insertar ciertas ideas-fuerza que permitan que los conceptos básicos sobrevivan a la lluvia de cambios y/o adiciones producidos por el coro de consejeros locales de una visión desde afuera que le permite proposiciones inusitadas para el medio, a partir de la memoria de sus orígenes peruanos y la disciplina metodológica de su práctica preprofesional y la erudición y la visión cosmopolita de sus años jóvenes en USA.
Tratando de mezclar en un todo coherente el color y la profundidad tropical, su fragmentación formal y la falta de tradiciones del entorno costarricense, con la memoria de su desierto natal del Perú, su luz difusa sin profundidad, su marcado contexto cultural y físico, su arquitectura introvertida y sólida, y también la arquitectura internacional de la postmodernidad, su fascinación por la sensualidad de las formas, materiales y texturas; el glamour de los colores y el desperjuicio de la yuxtaposición de sensaciones de la sociedad contemporánea de consumo.x

La arquitectura de Jaime es una caja desprejuiciada de sorpresas no solo porque no existe aparente conexión formal entre sus proyectos, sino también que pareciera también que distintos temas son abordados con distintas metodologías, la metáfora naturalista del hotel, la conexión tipológica de sus casas suburbanas, sus referencias a la arquitectura internacional en el museo y en ciertos edificios pero siempre respetando el entorno urbano y finalmente en las explosiones refinadas, rabiosamente actuales y absolutamente introvertidas de las oficinas de los estudios de abogados y los publicistas.
Jaime tiene un cajón de sastre donde se mezclan y combinan elementos del leguaje tradicional filtrados por la criba de la postmodernidad y que son entregados en edificios de una manera muy original, la más interesante es sin lugar a dudas la oficina de publicidad JOTABEQU, donde se recrea una pieza de micro urbanismo construido sobre las teorías de la oficina abierta en condiciones de la máxima movilidad no solo de personal sino también del equipamiento, y que llenan un loft industrial introvertido que mantiene la fachada original casi teatralmente fosilizada y se reserva el interior para el espacio de trabajo que es una explosión de colores y formas que producen improvisados que nacen alrededor del cliente, envolviendo al edificio con una espuma cultural que lo “traduce” a la percepción ya mediatizada del consenso.